En la ciudad (11)

Estaba tratando de hacer funcionar la cafetera cuando de pronto veo entrar a Lisa a mi despacho. Me pregunta por mi amigo con el fuimos al encuentro en La estancia. La miro extrañado. Ella me dice que es para un asunto legal que quiere ver en relación a la próxima entrega de nuestro cliente norteamericano, al parecer quedaron sorprendidos por el diseño que presentó Lisa, pero están preocupados por el marco legal. Y Emilio es uno de los mejores dentro de la agencia viendo asuntos legales. No es común que la directora creativa de la agencia se preocupe de esos asuntos, sino más bien el director general y el de medios vean esos temas. Aunque, en estos momentos, estamos en medio de una fusión con la agencia mexicana de medios y marketing internacional, lo que ha puesto todo pies arriba. Soy solo asistente de medios, pero me relaciono directamente con Arturo, él sabrá que hacer, extrañamente no lo he visto llegar a la agencia. Veré si contesta en la otra línea de “emergencias” como le solemos llamar con Emilio. 
Extraño de él, desde el tiempo que lleva aquí no lo he visto fallar hasta el día de hoy. 
Siento los pasos lejanos de alguien que viene entrando apresurado. No es Arturo. Es Emilio que tiene una cara que hace tiempo no le veía. 
–Emilio, no ha aparecido Arturo, puedes hablar con Lisa. Te espera en la oficina. Se ve preocupada, quieres que les pida un café y unas galletas, soda también.  
–Bueno, agradecido de mi parner, por segunda vez me has salvado. Arturo no vendrá hoy, me llamó por la línea de emergencia. Después hablamos de eso.
–No tan agradecido, primero habla con Lisa y después me cuentas todo. Lo del atraso, de Arturo y la reunión de ahora. Mira, ya querías hablar con ella, está es el momento. 
Es tarde, ya casi no queda nadie en este piso. Creo que en los otros, ya se fueron. La reunión ha demorado más de lo previsto. Emilio, llegó pasada las cuatro de la tarde. Calculo tres horas. Solo entré una vez a la oficina para llevar papeles que necesitaban sobre nuestro cliente y sobre la mesa había una serie de bocetos por un lado y por otro, documentos legales que había revisado mi amigo con anterioridad, siguiendo atento la oportunidad, de cruzar palabra con Lisa. Y míralos ahí, trabajando juntos. Me acercaré a la puerta.
–Emilio, me quedó más claro el tema, estaré más tranquila si tu te haces cargo del asunto legal. Se que trabajas con más personas, pero necesito que tú lo veas de forma personal. Yo hablaré con el director para que no tomes otro proyecto por el momento que cubres el mío. 
–Me parece, creo que tomaremos la idea general que planteaste, no te preocupes por los permisos, yo los revisaré personalmente. Los bocetos son tuyos, los de la competencia, nada tienen que ver, solo que ahora, lamentablemente, trabajo una de nuestras ex-diseñadoras con ellos. Mañana mismo lo arreglaré. 
Sale Lisa y baja apresurada por las escaleras. Debe tener otros compromisos. Emilio tiene una sonrisa que hace tiempo no se la veía dibujar en su rostro. Eso me hace sentir tranquilo. Siempre ayudando a otros. Es el momento que se enfoque en su vida. Si bien, todos los fin de semana suele salir a un lugar distinto. La playa, navegar, los cerros, escalar, entre otras actividades, necesita algo real, que cambie su rutina. 
Ya es tarde, le pediré a Emilio que me lleve a mi casa. No he podido reparar el automóvil. Creo que no volverá a encender. Justo aparece Emilio.
–Veo que necesitas que te lleve. Puedes ocupar el chevette, está impecable, solo tienes que llenar el estanque. Hasta que reparen tu auto. 
–Gracias Emilio, te pásate.  
Miro mi celular y encuentro muchos mensajes de María que no había revisado antes. No me dio el tiempo de verlos. Por políticas de la agencia el celular estaba restringido a las campañas de marketing y otros asuntos del trabajo, bueno y por supuesto para las emergencias como estas.
–Ahora vamos rápido, debo llegar a casa y ver a nachito que está enfermo.
María al otro lado del comedor, me esperaba con cara preocupada. Nos saluda y luego añade: –Veo que nachito sigue igual. Emilio se queda en el living, yo camino por el pasillo y entró a la pieza y me conmueve ver la imagen de nachito con los trapos en la frente para bajar su fiebre. Apenas abre los ojos nachito, le digo que los cierre y trate de descansar.
Salgo de la pieza, cuando de pronto María preocupada me dice: –Vino el médico y le recetó estos medicamentos. 
Tomamos la orden médica y salimos con Emilio, volando a comprar los antibióticos recetados. Había una farmacia abierta. Justo le quedaban las últimas cajas. Las compramos de inmediato. A eso de las 23:00 hrs. nachito estaba tomando sus antibióticos como lo había recetado el doctor hace doce horas atrás.
Tuvo un momento a solas con María. Veía como Emilio quería irse, pero antes de entregarles las llave amigo debía resolver unos asuntos con María, quien en ese momento me miró con esos ojos penetrantes que la caracterizaban. No hacía falta que hablara. Le dije que si era urgente, debía llamarme directo al celular, ya que no puede ver los mensajes a tiempo. María solo me dijo que debería estar más pendiente del celular.
Dejé pendiente la conversación para entregarle las llaves a Emilio. La situación era incómoda para él, pero no tanto para nosotros, ya que lo habíamos “adoptado”, era como de la familia. Se fue agradecido en el Chevette.  Nos aseguró que nachito mejoraría.

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