En la ciudad (4)
No sabía que la vería ese día. Ya habían pasado varios meses desde aquel encuentro. Podía ver desde lejos a Isabel, Isa como le gustaban que se refieran a ella. Le llamó la atención aquel hombre que miraba desde el otro lado de la sala. Al finalizar el taller, Isa salió del lugar, el hombre en la entrada, seguía allí como esperando a alguien. Cruzaron miradas. Semanas después lo volvió a ver, en pleno centro. Se saludaron e intercambiaron sus números y luego, casi de inmediato se despidieron. Al día siguiente, recibió un mensaje de Isa, citándolo en un bar cercano al barrio que Isa solía pasear cuando se encontraba con algún tiempo libre del trabajo, lejos de las causas del tribunal o de las tardes de tarot. Qué más podía hacer para mantenerse a flote, en el piso del centro con un niño de pocos meses. Ese día pasó a buscar a su hijo su ex, como todas las semanas, los días jueves. Quedó libre por un rato. Su tiempo era limitado, pero lo suficiente para conocer al hombre que miraba desde el otro lado de la sala. Estuvieron durante dos horas en la terraza disfrutando de sus tragos. Ella no solía beber whisky. Pero, en ese momento, decidió beber lo que tomaba su acompañante. Disfrutaron de una tabla y una buena conversación. No dejaba de mirarlo a sus ojos. Y él no dejaba de mirar su sonrisa que le recordaba de algún modo a Alejandra. Quedaban pocos meses para su viaje al otro lado de la cordillera. No quería algo que lo atara. Se dejó llevar por el momento. Se miraron un rato en silencio. Ella, repentinamente lo tomó de la mano y le dijo: -Vámonos. El hombre asombrado, asintió. Fueron al piso de Isa, era bastante grande por lo que observaba. Tenía una gran vista de la ciudad. Prendió un cigarro. Al darse vuelta se dio cuenta que Isa había apagado la luz. Pasada esa noche, no la volvió a ver. Dos meses después, recibió dos mensajes de Isa. No quiso mirar ni responder. Ahora estaba a punto de entrar en un bar en San Telmo. Comenzó a llover. Miró hacia su alrededor. Sin duda era un buen día. De pronto entró una joven con dos muchachos. Le llamó la atención la actitud de uno de los muchachos, un tanto aprensiva. Fue al baño y a la salida chocó con la joven. Se le cayó su celular. Él lo recogió y se lo pasó. Agradecida lo invitó a su mesa. En otra ocasión no hubiese aceptado, lo encontraba inoportuno. Ella estaba acompañada, pero los mensajes de Isa lo habían dejado pasmado. Trataba de no recordar ese momento, en el cuarto oscuro, Isa le había mencionado que tenían poco tiempo, que llegaría su ex con su bebé. Aceptó el fernet que los muchachos le habían ofrecido, estos seguían fijamente su reacción, se sabía que solo los argentinos, disfrutaban de ese trago. No supo cómo aceptó la invitación de la joven. Salieron del bar con los muchachos, ahora iban en un taxi. Él suponía que al piso de la joven. Palermo Soho, le escuchó decir a Alejandra, que en ese momento, le susurró su nombre al oído. Se bajaron frente a un edificio. Entraron rápido al piso 7. Era enorme. Alejandra lo tomó de la mano, Carlos y Miguel se fueron al bar del apartamento, al parecer, andaban buscando fernet, vieron una botella vacía y encontraron una de Jacks, mirando al extranjero, ofreciéndole. Éste miró de reojo, luego a Alejandra, decidió irse con ella. Desaparecieron tras el balcón, ingresaron por una ventana a un cuarto que parecía al de un hotel de lujo. Las Alejandras en un eterno loop –pensó para sí, días después en la pensión.
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